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martes, 30 de octubre de 2012

Elecciones 7-O Evaluación de la revolución bolivariana

Por: Arlenys Espinal / La Guarura Octubre se convirtió en tiempo de evaluación después de ocurridas las elecciones, al menos para la verdadera militancia bolivariana que sabe que más allá del triunfo obtenido, hay mucha tela que cortar, mucho que leer y entender del proceso y resultados electorales. Surgen entonces muchas preguntas: ¿Qué y cómo leer las elecciones del 7-O? ¿Qué determinó tales resultados? ¿Se trató sólo de los aciertos o fallas en el diseño de las campañas? ¿Por qué, alguien como Chávez, conocido por su fuerza, discurso y dinamismo, quien pese a su dolencia, se echó la campaña encima, e hizo un supremo esfuerzo por hacer llegar los beneficios al pueblo, no logró los puntos necesarios para hablar de una victoria contundente? ¿Hay entonces seis millones de oligarcas y ocho millones de chavistas? ¿Qué es lo que no vemos? ¿Qué hay más allá? El presidente de la República declaró recientemente que emprendió la campaña recién salido de la aplicación de la quimioterapia y afirmó que de haber estado en mejores condiciones logra los puntos previstos. ¿Fue entonces culpa de la enfermedad de Chávez? La ceguera Si hay una enfermedad que está afectando el proceso, no es precisamente la de Chávez, por el contario, lo ha hecho digno de la mayor consideración y admiración, dada su entereza, capacidad para sobreponerse y estar al frente. La enfermedad que definitivamente se ha apoderado del gobierno bolivariano y está afectando severamente el proceso es otra: La ceguera Expresión de esa ceguera como enfermedad política y espiritual, son dos tendencias que se observan en las evaluaciones que se hacen desde la militancia chavista: la que afirma “ganamos, lo importante son los números y estos muestran que somos mayoría, somos alegría “UH HA Chávez se queda”. En este caso la ceguera no deja ver que ganando también se pierde y que perdiendo también se gana. El pensamiento complejo no es su fuerte, se conforma con la sorda repetición “PA LANTE COMANDANTE VIVIREMOS Y VENCEREMOS” sin preguntarse ¿Cuál es el reto que tiene por delante el proceso bolivariano, luego de 14 años?, sin reflexionar acerca de lo estamos haciendo o dejando de hacer como pueblo. Pero más terrible aún es la idea que prevalece en otra tendencia: “los resultados electorales no lograron la contundencia necesaria porque el pueblo malagradecido traicionó al comandante. Todo el esfuerzo de darle habitación, pensiones, mercales y demás facilidades como mi casa bien equipada etc. etc. no han servido para nada”. Esta tendencia presa de la desmemoria, olvida que el proceso bolivariano, es hijo de de la corriente de luchas históricas que tuvo un momento inédito y absolutamente aleccionador, el 27F en el que el pueblo en irredenta cimarronera, arrebató a cuenta y riesgo todo lo que los medios de consumo ofrecían como calidad de vida, siendo imposibles de alcanzar. La honda significación de ese hecho, generó el tiempo de cambios que aún vivimos: 4f y todo lo demás Definitivamente la revolución no se trata de beneficios: Ni de de los títulos que dan las misiones, ni de los apartamentos equipados que entregan al salir de un refugio, ni de la “línea blanca”, aunque se reconoce, “eso no se había visto nunca”, la revolución se trata de mucho más ¿De qué se trata? Una tercera tendencia que se hace sentir en diversos espacios donde la gente se asume parte de un proceso histórico que generó al chavismo, y al propio Chávez, que lo ha ratificado como líder, tanto electoralmente como en la calle, en los momentos en que el fascismo ha puesto en jaque la continuidad del proceso, piensa de otra manera “Esta revolución se truncó, se desfiguró cuando el poder se erigió por sobre todos nosotros y decidió el rumbo del proceso sin nuestra participación, pero somos responsables de eso como movimiento popular porque entregamos una vez más al poder constituido, el logro de nuestras luchas como poder constituyente” He aquí la manifestación crítica y autocrítica desde el chavismo pensante, que no se conforma con los números a secas, sin negar su importancia, y muchos menos buscar en el pueblo al culpable, sin ser capaz de leer la profundidad implicada en el hecho de que hoy, (a diferencia de los tiempos en que el bipartidismo adeco-copèyano, ganaba las elecciones a punta de planchas de zinc, migajas y trampas), no basta ni siquiera mi casa bien equipada, y allí radica la ceguera. No pueden ver que el pueblo avanzó de manera insospechada, y lo único que lo satisface verdaderamente es la participación, así como suena, la participación protagónica, como está escrito en la CRBV. Esa fue la aspiración que puso a Chávez en el poder y por eso el poeta Gustavo Pereira, lo tradujo magistralmente en el preámbulo Curar la enfermedad: Mirar para adentro Tenemos pues esperanza en que la enfermedad se revierta si el chavismo pensante crece y mira “desde dentro” curándose de los “lugares comunes” que causan un cansancio infinito en gente que tiene “autonomía cognitiva”, cuando de tanto repetir, se vacía de contenido términos como “el imperio” o “los escuálidos” sin percatarse de que, mas que palabras, son valores que determinan la forma de hacer política, estandarizando la diversidad presente en nuestro lenguaje, actitud propia de la derecha racista representada en los terratenientes ganaderos que asesinan al pueblo Yukpa, actitud que se reproduce cuando los medios del Estado no dan espacio para combatir la impunidad, pero se pretende dar lecciones al gobierno de Chile, porque hace lo mismo con los Mapuches. ¿Qué tal? Hace falta mirar dentro de nuestro proceso sociohistórico, para encontrar las causas de la enfermedad. Hay un asunto perverso, terrible, que se repite en toda nuestra historia de luchas desde la mismísima llegada del invasor en 1492, que deriva del hecho de haber sido colonizados, manifestándose cada vez que luchamos y queremos poner fin a la opresión que padecemos, cada vez que como pueblo damos las luchas, ponemos los muertos, ponemos “patas arriba” el sistema imperante, hacemos constituyente, no del tipo jurídica, sino de la originaria, la que subvierte y luego cuando damos al traste con el gobierno de turno, y emergen nuevos actores sociales, nuevos líderes, nuevos proyectos que han nacido de nuestra propia rebelión, se recompone el poder constituido, muy jurídico, como lo pautan los estados naciones, y una vez allí, se erige por sobre nosotros, excluyéndonos nuestra participación, a no ser la electoral. Una y otra vez se repite este ciclo perverso. Es común escuchar “es la lógica del poder, del estado burgués, del capitalismo que se recompone cada vez que hay crisis”. Entonces hay que preguntar: ¿y es también la lógica del socialismo del siglo XXI?, Lo cierto es que estos tiempos demandan estudio e investigación de los procesos socio- históricos, con el propósito de “darnos cuenta” de lo que subyace en ese repetitivo ciclo Sin embargo, el proceso bolivariano en estos tiempos, ha dado avances importantes en la superación de esa lógica Eso se evidenció en El Referendo Revocatorio o la “Batalla de Santa Inés” (2004), que ganamos y no podía ser de otra manera porque en cada parroquia, en cada comunidad, se ejerció el poder popular, cuando aún los ministerios no nos lo habían arrebatado y no se permitió que los jefes de los comandos para esa contienda, fueran impuestos. Hay que hurgar en el proceso histórico ancestral y reciente para develar aprendizajes. 14 años / tres momentos Estos 14 años de gobierno bolivariano han tenido tres momentos importantes: del 98 al 2002, del 2002 al 2006 y del 2006 al 2012. Durante cada momento se ha relegitimando el proceso a través de elecciones y de acciones contundentes del pueblo a favor del proyecto liberador y en contra del fascismo que intentó y seguirá intentando interrumpirlo. Del 98 al 2002 el proceso bolivariano logra contundente victoria de la Constituyente, que trasciende lo electoral, siendo su verdadero saldo político, el empoderamiento por parte del pueblo, de la de la noción: “democracia participativa y protagónica”, lo que dio la base para continuar y enfrentar los peligros que se avecinaban. Durante ese primer momento el nuevo gobierno se hacia de un contexto jurídico que intentaba dar respuesta a necesidades históricas nunca cumplidas, así surge la ley de tierras. Del 2002 al 2006 se desarrolla verdaderamente el proceso revolucionario bolivariano: A cada acción de la mediática transnacional avasallante, hay respuesta contundente del pueblo en lucha. Es por eso que ni el golpe de estado, ni el paro petrolero (2002-2003), con sus consecuencias en la vida cotidiana, resquebrajaron ni por un momento el espíritu de lucha del pueblo en movilización permanente, aunque para ese entonces no había sistema nacional de medios, ni medios alternativos y comunitarios. Fueron sin embargo los días más gloriosos del canal 8 y de PDVSA, cuando la hermosura combativa de nuestra gente detuvo la arremetida fascista e inundó de colorido envalentonado la imagen de VTV y abrió la “caja negra” de la meritocracia. En esas circunstancias el gobierno se mostraba versátil, aprendía a recomponerse de acuerdo a las exigencias de la situación. Una suerte de diálogo constante entre el pueblo y el gobierno constituyeron la fortaleza política espiritual y afectiva que determinaron las contundentes victorias, incluida la electoral del 2006. Durante todo este periodo, el encuentro entre chavistas y con el líder, se producía en las grandes avenidas, fortaleciéndose en cada encuentro el vínculo entre diversos y la identidad como proyecto emancipador bolivariano. El Frenazo A partir del 2006 comienza otra historia. Ante la movilización creadora del pueblo bolivariano se va imponiendo una especie de “frenazo” que poco a poco lo va postergando y sustituyendo por la representación institucional. Es el tiempo en que se instala la “militancia administrada” y se corporativiza “Aló Presidente”, quedando atrás los días en que los de a pie, se expresaban La estética también cambió. A la diversidad del colorido tropical que nos compone, se impuso el rojorojismo: guayaberas nuevecitas, sonrisas de aprobación a todo lo que el líder dice y decide, lenguaje jalabolas, “sì mi comandante” “gracias mi comandante”. VTV se fue convirtiendo en algo monótono, gris, repetitivo, volcando toda su energía en lo que hace o dejan de hacer los escuálidos, generándose un gran fastidio en la gente, ante la “esquizofrenia” en la que entró el país. De un lado Globovisión haciendo su tarea como enemigo de la revolución (¿acaso le podemos pedir otra cosa?) y del otro, los medios públicos, dando una atención desmedida a lo que hacen los medios privados, cuando el proceso demandaba y continúa demandando atención hacia dentro. Es así, como se pierde la Reforma Constitucional, como “los motores”, “las tres R” y demás “yerbas aromáticas” cacareadas “de arriba hacia abajo”, pasan sin dejar huella. Es también el tiempo en que el gobierno paradójicamente, emprende proyectos para el mejoramiento de la calidad de vida: transporte, viviendas, satélites etc. De manera simultánea se van sucediendo dos cosas: se desarrollan los proyectos y se desmoviliza a la gente. Pasaron a la historia los tiempos en los que sin medios públicos, ni proyectos de calidad de vida, la gente gritaba en las calles “Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”. He aquí un punto central para la evaluación de los resultados electorales del 7-O. El gobierno en su nueva dimensión corporativa, asume que se trata de obras, estructuras, soluciones, dejando por fuera lo vital, la aspiración que dio impulso y sentido al proceso transformador: la participación protagónica Protagonistas vs. Beneficiarios He allí el asunto, de protagonistas pasamos a beneficiarios y como se ha dicho mucho en los discursos “Este es un pueblo de libertadores”, como tales no nos calamos que nos posterguen. Me explico: el pueblo quiere calidad de vida, sí la quiere: salud, educación, vivienda, seguridad y demás, quiere que el gobierno asuma su papel, que sea diligente y administre coherentemente los recursos de la renta petrolera, que genere mecanismos para castigar la corrupción, Pero sobre todo y ante todo, este pueblo, de Guacaipuro, de José Leonardo, de Bolivar, de Zamora, de Fabricio, de Argimiro, de Yaguno, quiere decidir qué calidad de vida, qué salud, qué educación, qué vivienda, qué seguridad, porque no va a permitir que tales decisiones se tomen sólo desde el aparato del estado, dejando por fuera nada menos que los haceres y saberes que garantizan el éxito de cualquier proyecto liberador: Los poderes creadores del pueblo. Si no fuera así, el dictador Marcos Pérez Jiménez, no hubiera sido derrocado, pues es conocida su eficiencia como desarrollista, aún no ha sido superado en cuanto a obras de infraestructura herencia de su gestión. Pero el pueblo y los militares que lo derrocaron, (recordemos a Hugo Trejo) querían libertad política, libertad de expresión, libertad de organización, libertad para decidir. Traduciéndolo a estos tiempos, diríamos que si el socialismo del siglo XXI significa algo, es la participación de las mayorías en las decisiones trascendentales que implican calidad de vida. Pero sucede hoy la calidad de vida humana, es inherente a la calidad de vida del planeta entero y la calidad de vida del planeta pasa por cuestionar el modelo desarrollista, por tanto no se trata de “dar” calidad de vida, sino de dilucidar que significa hoy y cómo lo logramos. Pero, ¿entiende el gobierno bolivariano que actualmente esta es una aspiración de todos los pueblos del mundo? Nuestra suerte es la Constituyente De allí que este nuevo trecho (2012-2019) requiere retomar el proceso transformador que tuvimos hasta 2006, revisando críticamente los errores derivados del triunfalismo, recuperando la participación en las luchas de todo orden, y tomando las decisiones como movimiento popular organizado, evitando ser sustituidos por las instancias burocráticas, exigiendo los espacios mediáticos que nos pertenecen, derrotando la actitud cómplice y el chantaje “si críticas le haces daño al proceso”. Pero no se trata de un pliego de peticiones para el gobierno. Se trata de recuperar y repotenciar la participación protagónica a través los mecanismos que como tejido social tenemos para garantizar la construcción de conceptos, la organización y socialización, vale decir, mecanismos de poder constituyente. Dada la urgencia del caso, La Guarura sistema de comunicación libre y militante abre espacio para la discusión sobre cómo impulsar y organizar procesos constituyentes para decidir la salud, la educación, el hábitat y vivienda y la seguridad, que necesitamos. Si lo logramos y sabemos sostenerlo evitaremos que el ciclo perverso se repita y nunca más el poder constituyente entregue su poder y se convierta en una condición permanente de la revolución. Ccs, 28 de Octubre/ 2012

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